Hay una pregunta que cambió nuestra manera de trabajar. En lugar de preguntar “¿qué te pasa?” o “¿por qué consumes?”, preguntamos “¿qué te pasó?”. Muchas veces la respuesta tarda semanas en llegar, porque hay cosas que nunca se dijeron en voz alta. Pero cuando llega, el consumo empieza a tener sentido.
Esto no es solo una intuición. Desde hace más de 25 años, la investigación ha mostrado que lo que una persona vivió de niña tiene mucho que ver con su relación con el alcohol y otras drogas. En este artículo explicamos, en palabras sencillas, algunos de los estudios más importantes sobre el tema, para que las familias entiendan mejor lo que puede haber detrás del consumo y sepan que existe un tratamiento que atiende las dos cosas: la adicción y la herida.
¿Qué son las experiencias adversas en la infancia?
Los investigadores llaman experiencias adversas en la infancia a situaciones dolorosas o amenazantes que una persona vivió antes de los 18 años. En los estudios que revisamos se incluyeron tres grandes grupos (Dube et al., 2003):
- Abuso: emocional, físico o sexual.
- Negligencia: emocional o física, como no recibir cuidado, protección o afecto básicos.
- Problemas graves en casa: vivir con alguien que tenía problemas con el alcohol o las drogas, o con una enfermedad mental; ver violencia contra la madre; la separación o divorcio de los padres; o tener a un familiar en prisión.
Muchas de estas experiencias son más comunes de lo que solemos pensar, y casi nunca ocurren solas: quien vivió una, con frecuencia vivió otras (Felitti et al., 1998).
Lo que muestra la investigación
El estudio de experiencias adversas en la infancia
El estudio más conocido sobre este tema se hizo en Estados Unidos, con más de 17,000 adultos que acudían a revisiones médicas de rutina. En su primer análisis, publicado en 1998, los investigadores revisaron las respuestas de cerca de 9,500 personas y las compararon con su salud en la vida adulta (Felitti et al., 1998). Lo que encontraron fue revelador:
- Más de la mitad de los participantes había vivido al menos una experiencia adversa en su infancia.
- Cuantas más experiencias adversas había vivido una persona, más problemas de salud tenía de adulta. Los investigadores lo describieron como una relación “escalonada”: cada experiencia sumaba riesgo.
- Quienes habían vivido cuatro o más tenían un riesgo varias veces mayor de alcoholismo, consumo de drogas y depresión que quienes no habían vivido ninguna. El patrón también apareció en enfermedades del corazón, los pulmones y el hígado.
Experiencias adversas y consumo de drogas
Con los datos del mismo estudio, otro equipo analizó específicamente el consumo de drogas ilegales en más de 8,600 adultos (Dube et al., 2003). Estos fueron sus hallazgos principales:
- Cada experiencia adversa adicional aumentaba entre 2 y 4 veces la probabilidad de empezar a consumir drogas a una edad temprana, antes de los 14 años.
- Las personas que habían vivido cinco o más experiencias adversas tenían entre 7 y 10 veces más probabilidad de reportar problemas con las drogas, adicción o consumo inyectado, que quienes no habían vivido ninguna.
- Los autores calcularon que estas experiencias podrían explicar entre la mitad y dos terceras partes de los problemas graves con drogas en la población estudiada.
- El patrón se repitió en personas nacidas a lo largo de casi ocho décadas, sin importar qué drogas estaban de moda en cada época. Para los autores, esto sugiere que el consumo puede ser, en muchos casos, una forma de enfrentar el dolor que dejaron esas experiencias.
Por qué el trauma puede llevar al consumo
El trauma deja al cuerpo en alerta. Puede manifestarse con pesadillas, sobresaltos, recuerdos que irrumpen sin aviso, dificultad para sentirse seguro o, al contrario, con una sensación de estar desconectado de todo. Las sustancias apagan esa alarma por un rato.
El psiquiatra Edward Khantzian, de la Universidad de Harvard, propuso hace décadas la hipótesis de la automedicación. Su idea central es que muchas personas no buscan placer en la droga, sino alivio de un sufrimiento que no saben nombrar (Khantzian, 1997). Esta propuesta tiene dos partes:
- Las sustancias alivian un malestar emocional. No es debilidad de carácter: la persona encontró algo que, al principio, le ayudaba a soportar lo que sentía.
- La sustancia que se elige no siempre es casual. Cada persona tiende a preferir la que mejor calma lo que más le duele: quien vive con mucha rabia puede buscar algo que lo tranquilice; quien se siente vacío, algo que lo active.
Desde esta mirada, la pregunta clave no es “¿por qué consume?”, sino “¿qué le duele?” (Khantzian, 1997).
El problema es que el alivio dura poco y el costo es alto. El consumo también expone a nuevas situaciones de riesgo y violencia, aumenta la vergüenza y el aislamiento, y empeora los síntomas que se intentaban calmar. Así, el ciclo se refuerza.
Una aclaración importante: la historia no es un destino
Hablar de trauma no significa que toda persona con adicción haya vivido algo así, ni que quien vivió experiencias adversas vaya a desarrollar una adicción. Los estudios hablan de riesgo, no de destino: muchas personas con historias muy difíciles nunca desarrollan un problema con las sustancias.
Tampoco se trata de buscar culpables ni de usar el pasado como excusa. Entender de dónde viene el consumo no quita la responsabilidad de la recuperación; ayuda a asumirla con más compasión y menos vergüenza.
Lo que esto significa para el tratamiento
Durante años se creyó que primero había que dejar de consumir y solo después hablar del trauma. Hoy sabemos que conviene trabajar ambas cosas en paralelo.
Una revisión Cochrane, que reunió 14 estudios con más de 1,500 personas que vivían al mismo tiempo estrés postraumático y un trastorno por consumo de sustancias, encontró lo siguiente (Roberts et al., 2016):
- Las terapias individuales centradas en el trauma, combinadas con tratamiento para el consumo, redujeron los síntomas de estrés postraumático más que el tratamiento habitual, y esa mejoría se mantenía meses después.
- Su efecto sobre el consumo fue más limitado, lo que confirma que la adicción necesita su propio tratamiento y no desaparece solo con atender el trauma.
- Más personas abandonaron las terapias centradas en el trauma que el tratamiento habitual. Los autores concluyeron que estas terapias deben ofrecerse con cuidado, con buen acompañamiento y a un ritmo que la persona pueda sostener.
Programas como Seeking Safety (Buscando Seguridad), creado por la psicóloga Lisa Najavits, se diseñaron precisamente para atender ambas cosas al mismo tiempo (Najavits, 2002). Su principio central es la seguridad: antes de explorar lo que pasó, la persona aprende a protegerse en el presente, con temas como pedir ayuda, poner límites y manejar los detonantes. No exige contar los detalles de lo que vivió.
Eso sí: el ritmo importa. Abrir recuerdos dolorosos sin herramientas para regular lo que despiertan puede detonar una recaída. Por eso trabajamos primero en sentirse seguro, y después en lo que pasó.
Señales de que el trauma puede estar presente
Ninguna de estas señales, por sí sola, significa que una persona vivió un trauma. Pero si notas varias en tu familiar, sobre todo junto con el consumo, vale la pena mencionarlas a un especialista:
- Pesadillas frecuentes o problemas para dormir.
- Se sobresalta con facilidad o parece estar siempre en guardia.
- Reacciona con un enojo o un miedo que parecen desproporcionados.
- Se desconecta, “se va” o parece no sentir nada.
- El consumo aumenta en fechas, situaciones o cercanía con personas específicas.
- Le cuesta confiar en los demás o sentirse seguro, incluso en casa.
Lo que nos enseñan estos estudios
A partir de esta investigación, estas son algunas ideas prácticas para las familias:
- Cambia la pregunta. La pregunta “¿por qué no lo deja si ve el daño?” a veces tiene respuesta en una historia que la familia desconoce. Preguntarse “¿qué le pasó?” cambia el reproche por comprensión.
- No presiones para que cuente lo que vivió. Obligar a alguien a hablar antes de estar listo puede hacerle daño; el espacio para eso es la terapia.
- Lee las reacciones con otros ojos. Si tu familiar se sobresalta, se desconecta o reacciona de forma desproporcionada, puede ser el trauma hablando, no un desafío hacia ti.
- Ayuda a construir seguridad. Rutinas predecibles, un tono tranquilo y acuerdos claros ayudan más que los gritos o las amenazas.
- Si el trauma ocurrió dentro de la familia, es probable que todos necesiten apoyo. No se trata de culpar, sino de reconocer que las heridas, y la recuperación, se comparten.
- Busca un tratamiento que atienda las dos cosas. Pregunta si el programa evalúa el trauma y cómo lo trabaja.
Nadie elige su historia
Nadie elige lo que vivió de niño. Pero sí es posible dejar de cargarlo solo. Si te reconociste en este artículo, o reconociste a alguien que quieres, pedir ayuda es el primer paso para sanar.
En Lumenia acompañamos a personas con problemas de consumo de sustancias y a sus familias, uniendo la ciencia con la experiencia de quienes ya recorrimos el camino de la recuperación. Si tienes dudas, escríbenos por WhatsApp al +52 81 1805 4988.
Si necesitas orientación inmediata en México, también puedes llamar a la Línea de la Vida al 800 911 2000, gratuita y disponible las 24 horas. Si hay un riesgo inmediato para la vida de tu familiar o de alguien más, llama al 911.
Referencias
Dube, S. R., Felitti, V. J., Dong, M., Chapman, D. P., Giles, W. H., & Anda, R. F. (2003). Childhood abuse, neglect, and household dysfunction and the risk of illicit drug use: The Adverse Childhood Experiences Study. Pediatrics, 111(3), 564–572. https://doi.org/10.1542/peds.111.3.564
Felitti, V. J., Anda, R. F., Nordenberg, D., Williamson, D. F., Spitz, A. M., Edwards, V., Koss, M. P., & Marks, J. S. (1998). Relationship of childhood abuse and household dysfunction to many of the leading causes of death in adults: The Adverse Childhood Experiences (ACE) Study. American Journal of Preventive Medicine, 14(4), 245–258. https://doi.org/10.1016/S0749-3797(98)00017-8
Khantzian, E. J. (1997). The self-medication hypothesis of substance use disorders: A reconsideration and recent applications. Harvard Review of Psychiatry, 4(5), 231–244. https://doi.org/10.3109/10673229709030550
Najavits, L. M. (2002). Seeking Safety: A treatment manual for PTSD and substance abuse. Guilford Press. https://www.guilford.com/books/Seeking-Safety/Lisa-Najavits/9781572306394
Roberts, N. P., Roberts, P. A., Jones, N., & Bisson, J. I. (2016). Psychological therapies for post-traumatic stress disorder and comorbid substance use disorder. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2016(4), CD010204. https://doi.org/10.1002/14651858.CD010204.pub2
Este artículo es una síntesis y adaptación al español, en lenguaje sencillo, de las investigaciones citadas. Todo el crédito de la investigación corresponde a sus autores. La traducción, la selección de contenidos y las recomendaciones prácticas son de Lumenia.