Más allá de la sustancia
Muchas personas no empiezan a consumir por la droga en sí o por lo que sienten, sino por lo que dejan de sentir. El alcohol, el cannabis o los estimulantes funcionan, por un rato, como un “botón de apagado” para la ansiedad, la tristeza, el enojo o el vacío.
Durante años se pensó que el malestar emocional era sobre todo una consecuencia de la adicción. Hoy la investigación apunta en otra dirección: la dificultad para manejar las emociones también es un motor que inicia y mantiene el consumo. Entender esto cambia la forma de prevenir y de tratar.
Esto no quiere decir que la sustancia no importe. Las drogas y el alcohol cambian el cerebro y generan dependencia. Pero enfocarnos solo en la sustancia deja fuera una pregunta muy importante: ¿qué estaba buscando la persona cuando empezó a consumir, y qué sigue buscando cada vez que lo hace?
¿Qué es la regulación emocional?
La regulación emocional es la capacidad de reconocer lo que sentimos, tolerarlo y responder de forma que no nos haga daño. No significa dejar de sentir, sino saber qué hacer con lo que sentimos.
Todas las personas regulamos nuestras emociones todos los días, muchas veces sin darnos cuenta: cuando respiramos hondo antes de contestar, cuando llamamos a alguien de confianza después de un mal día o cuando salimos a caminar para despejarnos. Son pequeñas estrategias que nos ayudan a volver a la calma.
Cuando esta capacidad falla, aparece lo que los especialistas llaman desregulación emocional. Suele verse así:
- Dificultad para identificar o poner nombre a las emociones.
- Sentir que las emociones son demasiado intensas o duran demasiado.
- Actuar por impulso cuando se está alterado.
- Pocas estrategias para calmarse que no impliquen escapar.
En ese escenario, una sustancia que alivia el malestar en minutos se vuelve muy atractiva. El problema es que el alivio es breve, y el cerebro aprende que la forma de “arreglar” una emoción difícil es consumir.
Con el tiempo se forma un círculo: la emoción incómoda lleva al consumo, el consumo da alivio por un rato, luego llegan la culpa, los problemas o la abstinencia, que generan más malestar… y otra vez la necesidad de consumir.
Quien siente que sus emociones lo desbordan no solo la pasa peor: también tiene más riesgo de desarrollar una adicción.
La dificultad para regular las emociones se asocia de forma consistente con el consumo de sustancias, pero también con adicciones sin sustancia, como el juego o el uso problemático de internet (González-Roz et al., 2024). Es decir, el problema de fondo no es una droga en particular, sino la necesidad de escapar de lo que se siente.
Este hallazgo es sólido porque reúne los resultados de muchas investigaciones, y en todas las formas de adicción analizadas apareció la misma tendencia. Y la relación probablemente funciona en los dos sentidos: las emociones difíciles empujan al consumo, y el consumo a su vez empeora la capacidad de manejar las emociones (González-Roz et al., 2024).
Este patrón aparece desde la juventud: los jóvenes con más dificultades para manejar sus emociones muestran más conductas adictivas, con y sin sustancias, y esas dificultades suelen tener raíces en cómo aprendieron a relacionarse con quienes los cuidaron (Estévez et al., 2017).
En ese estudio participaron adolescentes y jóvenes estudiantes, y se observó que la desregulación emocional se relacionaba tanto con el consumo de alcohol y drogas como con conductas como las apuestas, los videojuegos o el uso excesivo de internet y del celular (Estévez et al., 2017). La adolescencia es una etapa de emociones intensas y de cambios; si en ese momento no se cuenta con herramientas para manejarlas, el riesgo de buscar “atajos” aumenta.
La idea central: no se consume solo por placer, muchas veces se consume para dejar de sentir.
¿De dónde viene la dificultad para regular las emociones?
Aprendemos a manejar las emociones desde la infancia, en la relación con quienes nos cuidan. Cuando un niño recibe consuelo y contención, aprende poco a poco a calmarse solo. Cuando ese apoyo falta o es impredecible, puede crecer sin esas herramientas.
A este vínculo temprano los especialistas lo llaman apego. Un apego seguro se forma cuando el niño siente que puede acudir a sus cuidadores y que estos responderán. Un apego inseguro se forma cuando el niño no sabe si encontrará apoyo, o aprende que mostrar lo que siente no sirve o incluso trae problemas.
Por eso, un apego inseguro se relaciona con más dificultades para regular las emociones, y estas, a su vez, con conductas adictivas (Estévez et al., 2017). Dicho de otra forma: la sustancia puede llegar a ocupar el lugar de la calma que la persona no aprendió a darse.
Esto no significa que la historia familiar determine el destino de nadie. Significa que estas habilidades se pueden aprender más tarde, y que el tratamiento puede ayudar a construirlas.
Qué significa esto para el tratamiento
Si las emociones están en la raíz del consumo, dejar la sustancia no basta. Hay que trabajar también lo que la sustancia estaba “resolviendo”.
De hecho, cuando una persona deja de consumir, muchas veces las emociones que la sustancia tapaba aparecen con más fuerza. Si no cuenta con otras herramientas, ese malestar se convierte en un riesgo importante de recaída.
Los tratamientos que enseñan a regular las emociones ayudan a las personas a manejar mejor lo que sienten, y esa mejora puede acompañar la reducción del consumo (Chrétien et al., 2025). Aprender a sentir sin escapar se vuelve, así, una parte central de la recuperación.
En la práctica, esto suele incluir:
- Aprender a identificar y nombrar emociones antes de que se desborden.
- Desarrollar formas alternativas de calmarse, como técnicas de respiración o mindfulness.
- Reconocer las situaciones emocionales que disparan el deseo de consumir.
- Tolerar el malestar sin necesidad de escapar de inmediato.
Un ejemplo sencillo: en lugar de pensar solo “tengo ganas de consumir”, la persona aprende a detenerse y preguntarse “¿qué estoy sintiendo ahora mismo?”. A veces la respuesta es soledad, a veces cansancio, enojo o miedo. Ponerle nombre a la emoción ya abre la puerta a responder de otra manera.
¿Te identificas? Preguntas para reflexionar
- ¿Consumes más cuando estás estresado, triste, solo o enojado?
- ¿Sientes que sin la sustancia no sabrías cómo calmarte?
- ¿Te cuesta explicar qué sientes, o solo notas que “te sientes mal”?
- ¿Has intentado dejar de consumir y las emociones se volvieron insoportables?
Si respondiste que sí a varias, no es una falla de carácter. Es una señal de que el consumo está cumpliendo una función emocional, y eso se puede trabajar con ayuda profesional.
Si eres familiar de alguien que consume, estas preguntas también pueden ayudarte a mirar a tu ser querido de otra forma: detrás del consumo puede haber emociones que no sabe cómo manejar. Esto no justifica el daño que la adicción causa, pero sí ayuda a entender que la solución no está solo en prohibir, sino en acompañar y buscar tratamiento.
En resumen
La adicción rara vez es solo cuestión de la sustancia. Muchas veces es una manera de sobrevivir a emociones que se sienten demasiado grandes. Por eso, la recuperación no consiste solo en dejar de consumir, sino en aprender nuevas formas de sentir sin hacerse daño.
La buena noticia es que la regulación emocional es una habilidad, y como toda habilidad, se puede aprender a cualquier edad.
En Lumenia acompañamos a personas con problemas de consumo de sustancias y a sus familias, uniendo la ciencia con la experiencia de quienes ya recorrimos el camino de la recuperación. Si tienes dudas, escríbenos por WhatsApp al +52 81 1805 4988.
Si necesitas orientación inmediata en México, también puedes llamar a la Línea de la Vida al 800 911 2000, gratuita y disponible las 24 horas. Si hay un riesgo inmediato para la vida de tu familiar o de alguien más, llama al 911.
Referencias
Chrétien, S., Giroux, I., Smith, I., Jacques, C., Ferland, F., Sévigny, S., & Bouchard, S. (2025). Emotional regulation in substance-related and addictive disorders treatment: A systematic review. Journal of Gambling Studies, 41(2), 353–448. https://doi.org/10.1007/s10899-024-10366-8
Estévez, A., Jáuregui, P., Sánchez-Marcos, I., López-González, H., & Griffiths, M. D. (2017). Attachment and emotion regulation in substance addictions and behavioral addictions. Journal of Behavioral Addictions, 6(4), 534–544. https://doi.org/10.1556/2006.6.2017.086
González-Roz, A., Castaño, Y., Krotter, A., Salazar-Cedillo, A., & Gervilla, E. (2024). Emotional dysregulation in relation to substance use and behavioral addictions: Findings from five separate meta-analyses. International Journal of Clinical and Health Psychology, 24(3), 100502. https://doi.org/10.1016/j.ijchp.2024.100502